domingo, 27 de marzo de 2011

Visión Social del Internet

El impacto que ha tenido el Internet en los procesos modernos de comunicación ha sido enorme, la Web vino a causar una revolución dentro de los medios de comunicación, pues no siendo ella misma un medio de comunicación, ofrece a las personas un nuevo instrumento o soporte desde donde expresarse. Tanto ha repercutido en nuestra forma de vida que ya consideramos el internet junto con las nuevas tecnologías que éste soporta, como un hecho cultural, para el bien de todos, desde lo global a lo local, y es que como lo cita Manuel Castells: “el internet debe intervenir en el espacio global, en beneficio de los ciudadanos”.
Virtualidad  
El internet es un importante instrumento de la globalización, es un agente conductor del avance que a nivel científico, económico, social y cultural, se expande a lo ancho de nuestro mundo en conexión, haciendo presión para que se dé de alguna manera una transformación en la sociedad actual. Es diverso el uso que se le puede dar al internet, como medio de comunicación global ha supuesto un gran cambio en las comunicaciones en general.
Computadoras Canaima, Proyecto del Ejecutivo,
 para masificar el uso de esta herramienta tecnológica.
En nuestro país el internet ha invadido nuestras comunicaciones, un nada insignificante 34.2% de venezolanos, hacemos uso y disfrute del internet, y como ejemplo palpable tenemos el uso y algunas veces abuso de los teléfonos celulares, con sus múltiples aplicaciones que nos atraen cada vez más a la onda virtual de la información. También la radio por internet, que ha permitido el acercamiento a zonas geográficas donde no podían beneficiarse de la radio por señal, y cómo negar el tremendo impacto causado por  llamadas redes sociales, las de trabajo colaborativo entre universidades, fundaciones y ONGs, con el objetivo de hacer la comunicación más inmediata y con mayor alcance.
Citando nuevamente a Manuel Castells: “la virtualidad con la que vivimos es una dimensión fundamental de nuestra realidad”. Y aunque en principio  la red no se “tejió” para nuestros países, la hemos hecho nuestra, adoptándola como una herramienta que hace más fácil el realizar nuestros asuntos habituales, los particulares y los profesionales.
La red, es concebida como un elemento virtual al servicio del desarrollo tecnológico, que busca cada día expandir su influencia hacia los sitios donde todavía no ha llegado, ofreciendo disminuir la brecha de información entre todos los habitantes del mundo. Y este es un punto bastante delicado, para algunos estudiosos de la materia, pues este “avance” ha venido a desmejorar la calidad de las relaciones humanas, incluso ha traído como consecuencia la pérdida de algunas lenguas y el deterioro de tantas otras,  para muchas personas, y estamos hablando de millones, el relacionarse, les parece más fácil si es de manera virtual, aparte del problema que se presenta con respecto a la justicia social o equidad, porque no puede negarse que los países que no han sido penetrados por la llamada red de redes, se ponen en desventaja con relación a los que utilizan y gozan de la libertad de información y de avance que brinda el internet.
Luisa Aranguren.-

Extracto de El Estilo del Periodista, de Alex Grijelmo.

He pasado largas horas editando textos, y siempre me he topado con los mismos errores de escritura, de estructura periodística, de contenido. Al cabo del tiempo, llego a la conclusión de que no ocurre que los diarios cometan muchos desatinos diferentes: en realidad, suman muy pocos. Pero siempre los mismos.
En charlas y conferencias he animado a los futuros periodistas allí presentes a especializarse en la edición de textos (es decir, a ejercitar el control de calidad del producto), porque ahí se aprecia una de las mayores carencias de la prensa actual. A fuerza de proliferar los que aspiran a especializarse en Economía, Deportes, Tribunales, Televisión, Cultura, Internacional, Política, Informática...están desapareciendo los especialistas en periodismo. Por eso quienes asuman la intención de formarse como expertos en lenguaje y en redacción, y también en los géneros periodísticos, tendrán enormes facilidades para encontrar trabajo.
El descuido de sus compañeros y de los estudiantes actuales se lo ha puesto muy sencillo.
«La poesía», escribió Juan Cruz en El País del 11 de enero de 1997, «se parece al mar, como el periodismo: lo devuelve todo, pero lo bueno regresa mejorado; hay periodistas que maldicen, porque dicen mal, igual que hay poetas que no traspasan. En este último caso sucede así porque en el fondo del alma de esos poetas no reside ningún ánimo de verdad, o de pasión, sino de vanagloria».
He percibido a menudo —en las redacciones donde he trabajado, o a través de los alumnos a los que he impartido clases en la Escuela de Periodismo El País, o luego en las tareas de selección de periodistas que acometí en mayo y junio de 2000 para los proyectos de diarios locales y regionales del grupo Prisa— que quienes desean ser periodistas en estos últimos años anhelan viajar a países lejanos, influir en la sociedad con sus editoriales, almorzar con gente importante o descubrir corrupciones hasta en el club de socios de la bolera municipal. Y en ese loable ímpetu han descuidado su herramienta: la palabra, que ha pasado a un plano secundario. Así, no leen; por tanto, no reflexionan. Y se vuelven perezosos.
El lenguaje es el instrumento de la inteligencia. Nadie podría interpretar bien el Concierto de Aranjuez con una guitarra desafinada, nadie podría jugar con auténtica destreza al billar si manejase un taco defectuoso. Quien domine el lenguaje podrá acercarse mejor a sus semejantes, tendrá la oportunidad de enredarles en su mensaje, creará una realidad más apasionante incluso que la realidad misma. Pero son muy pocos ahora los periodistas que se
lo proponen.
He pretendido con este libro facilitar el camino a quienes lo intenten.
Ojalá que con las experiencias que intento transmitir el aspirante a informador, reportero, entrevistador o editorialista —o quien desee ejercitarse con soltura en cualquiera de esas especialidades, lo cual le resultará más rentable— consiga no escribir mal. O, con el mismo argumento, escribir bien. Porque —por ejemplo— aquel que revise su artículo y decida reemplazar todos los verbos ser y estar que se le hayan diseminado por las líneas y sembrar otros más expresivos habrá conseguido de repente convertir un pésimo texto en un reportaje lleno de color y matices. Aquel que domine los recursos para evitar los ruidos en su redacción
habrá logrado no echar al lector de su página, lo habrá agarrado por la solapa para que se lea con deleite incluso el punto final.
Y quien se presente en un periódico mostrando esas características tendrá más fácil que le den un buen empleo. Conozco muchos jefes hartos de corregir acentos y de arreglar frases incomprensibles; y de rehacer titulares.
Las nuevas tecnologías han acabado con los intermediarios entre el periodista y el comprador del diario. Antes, los artículos eran reproducidos por los linotipistas, o, años después, por los teclistas; profesionales todos ellos con grandes conocimientos gramaticales y de cultura general, al cabo de muchos días leyendo y copiando escritos. Y luego aparecían los correctores, que limpiaban de fallos las galeradas.
Pero la rapidez de los tiempos actuales y la competencia por llegar pronto al quiosco o a la ciberpágina han suprimido tales pasos. Cada vez más, el periodista es el primero y el último que revisa su artículo en detalle. El texto seguirá su curso sin apenas intermediarios en la cadena hasta que llegue al lector, quien sufrirá los desastres y mirará de reojo a ese periodista que aparenta saber tanto de economía o de política mientras ignora elementales reglas de la sintaxis.
Los antiguos procesos técnicos de los periódicos se han resumido todavía más en los diarios electrónicos, donde la información se publica al instante. Nace este manual con un motivo, por tanto, fundamentalmente justo: que algún día los editores puedan dejar de corregir tantos textos deficientes para tener tiempo de dedicarse, por fin, a conseguir el premio Nobel.
Alex Grijelmo.

La Oratoria en la Radio

La Oratoria es el arte del buen decir, y en un medio de comunicación como la radio, es muy importante que locutores y locutoras hagan el uso adecuado de la palabra.
En nuestro país, gracias a la  Ley Resorte han proliferado los espacios radiales,  redundando en un gran abanico de opciones para que el oyente pueda escoger cual desea escuchar, en busca de información actualizada de todo tipo y la música de su preferencia.

Desde hace mucho tiempo se ha venido bajando la guardia con respecto a la calidad de la radio venezolana, es verdad que la evolución natural de la misma ha hecho que sea más ligera en su contenido y en la manera que los locutores y las locutoras se expresan, pero esto ha traído como consecuencia la pérdida de la calidad a la que tiene derecho todos los escuchas  o receptores.

Los medios de comunicación deben ser permanentes observantes de la calidad que le imprimen a sus trabajos, a sus espacios, que deben ser orientados a la pertinencia y pertenencia social, pues a la educación, el entretenimiento, formación e información de los ciudadanos es que finalmente van encaminados sus objetivos.

Los medios radiales en especial, están en la obligación de ofrecer espacios acordes a la realidad y a la época, pero nunca dejar de lado los pilares donde se fundamenta su trabajo, uno de ellos es la oratoria, porque la oratoria ayuda al profesional de la radio a hacerse de seguridad, concentración, y otras tantas técnicas como son: dicción, proyección de la voz, articulación, coherencia de las ideas, naturalidad al expresarse, correcto uso de las palabras, buen tono y timbre de voz.  La conjugación de estos elementos seguramente traerá éxito en el desarrollo profesional de quien haga uso de ellos.

Es largo el camino que hay que recorrer si se quiere recuperar el espacio ganado por las emisoras que sólo desean ocupar un espacio y conseguir el mayor número de oyentes, sin importarles la calidad de los programas que ofrecen, ni el criterio que utilizan sus locutores y locutoras al momento de comunicar. Es deber de todo comunicador social que ingresa a un medio, proveerle una máxima calidad al trabajo que vaya a desempeñar, con miras a que esa misma calidad sea proyectada y llegue a la sociedad.
Luisa Aranguren.-

sábado, 26 de marzo de 2011

¿Es correcta la utilización de la @ para referirse a los dos géneros?

Es muy habitual leer «compañer@s» en escritos y comunicados, pero no es correcto.
A pesar de que está extendida la utilización del signo de la arroba como una manera de expresar a la vez el género femenino y masculino, no es adecuado hacerlo.
Copiamos lo que dice al respecto el Diccionario panhispánico de dudas:
Para evitar las engorrosas repeticiones a que da lugar la reciente e innecesaria costumbre de hacer siempre explícita la alusión a los dos sexos (los niños y las niñas, los ciudadanos y ciudadanas, etc.), ha comenzado a usarse en carteles y circulares el símbolo de la arroba (@) como recurso gráfico para integrar en una sola palabra las formas masculina y femenina del sustantivo, ya que este signo parece incluir en su trazo las vocales a y o: l@s niñ@s.
Debe tenerse en cuenta que la arroba no es un signo lingüístico y, por ello, su uso en estos casos es inadmisible desde el punto de vista normativo; a esto se añade la imposibilidad de aplicar esta fórmula integradora en muchos casos sin dar lugar a graves inconsistencias, como ocurre en *Día del niñ@, donde la contracción del solo es válida para el masculino niño.


Cortesía de Fundéu BBVA

Cómo escribir una entrada para un blog


Una entrada de un blog debe mantener el equilibrio entre el tono profesional de un medio tradicional y la informalidad de la conversación hablada, conservando la calidez que caracteriza a Internet.
Las entradas —post o anotaciones— deben estar escritas de forma directa y algo informal, evitando en lo posible el exceso de coloquialismos, el uso de emoticonos o el “lenguaje SMS” porque le dan al blog un estilo excesivamente juvenil. Los blogs permiten un acercamiento único a productos, servicios, lugares, hardware, software, porque la opinión del bloguero es valiosa para el lector.
Extensión
Una entrada de un blog tiene que tener el número de palabras necesario para que desarrolles la idea que quieres transmitir. A veces con dos líneas y una imagen logras transmitir la idea, y comunicas mejor con tu lector que con una parrafada en la que no dices nada.
A efectos de entendernos sobre todo con periodistas y personas que están acostumbradas a contar palabras, nosotros tomamos como referencia de un post normal aquél que tiene unas 400 palabras, distribuidas en 3 ó 4 párrafos.
El primer párrafo es la parte más importante del texto. Debe contener de forma resumida la información más importante del post y dejar claro al lector el objetivo o la intención del mismo. Los párrafos posteriores servirán para desarrollar la información. Algunas cosas que se deben dejar claras en este primer párrafo son:
  • La fuente o fuentes de información en las que nos hemos basado para escribir el post (con enlace).
  • Si la información que se presenta es un rumor y por tanto no está confirmada todavía.
Los posts breves, como su propio nombre indica, tienen 3 ó 4 líneas que se utilizan para publicar de forma rápida una noticia que puede resultar interesante para los lectores pero que no merece, al menos en ese momento, una entrada más larga para desarrollar la información. Resultan muy prácticos para sacar rápidamente una historia importante sobre la que aún no hay demasiados datos (aunque si hay tiempo de escribir un post normal es preferible hacerlo, y decir que estamos pendientes del desarrollo de la noticia para ir actualizando. Luego se va renovando el post, aclarando “(Actualización)” en el título cuando esto se haga.
-Cortesía de Fundéu BBVA
22/03/2011